PATRIA DE PÁJAROS

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MUTARI IN ALITEM

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sábado, 31 de octubre de 2009

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¿Y yo? 









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domingo, 20 de septiembre de 2009

El Gladiador








El Gladiador











“No, no. Yo seguí corriendo,
arrastrándome y levantando el vuelo,
hasta que la oscuridad cayó del cielo,
y con ella la gravilla ardiente y las aves muertas.
Por falta de alimento giré repetidas veces.
Quien lo viese habría pensado que bailaba.
No descarto que tuviera los ojos abiertos.
Es posible que me desplomara con el rostro vuelto hacia la ciudad.”


-Wislawa Szimborska, La mujer de Lot-




I




Entré allí para olvidar la fecha,
también para crearla.

Entré allí para observar mi cara pegada en el espejo,
para olvidarme,
a mí;
entré por incredulidad,
por inercia,
por el propósito y la peste,
para buscar la rabia.

Entré por el contacto carnal de la sangre con el ruedo,
porque venía herida desde antes,
entré para abrazarme,
para buscar consuelo,
porque me resonaba alguna frase
que la busqué en mi cuerpo
y en él no había nadie.



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Para ubicarme en el ejército del aire,
para entender alguna ruta,
porque Wislawa me lo dijo,

porque ella dijo: los teoremas pequeños...
el resto no lo pude escuchar,
pero yo sé que lo dijo.

Entré por las noticias de la radio,
por las placas de acero,
por la amenaza que supone
vivir,
por la amenaza que supone
saberlo,
por la amenaza que supone
perder memoria cuando en el mar,
a brazadas,
olvidaste la orilla.






Entré por distracción, para reírme,
para montar una película de cine
negro,
para vengar a Humphrey Bogart,
para coger todos los aviones
y estrellarlos contra las estrellas,



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porque no soporto el dolor de la carne
quemada,
para moldear el cuerpo de mi amante
según me describieron que volaban los pájaros.

Porque mi mano necesita tener una función,
por el asco,
por los aullidos que daría, que daré,
cuando no tenga voz,
para hablar simplemente de la lluvia.

Entré para erigir una estatua a Stig Dagerman,
otra
a los sepultureros
para darles las gracias por cubrir con tierra mi desnudez.






Para arrimar el hombro
y llenar el espacio estelar de papeles,
para grabar en la cabeza del mundo
el chocolate y el estaño,
porque me da vergüenza referirme a Pessoa,
ya que Beckett, abandonó lo que sabía
para aprenderlo todo de nuevo
y a tantos y a tantos...

Porque me importa y no me importa
y no tengo esperanza de volver,
por la compañía que suponen las lágrimas,
por el derecho y el torcido del llanto,
para nada.
Porque me angustia El Infinito,
para vaciarme la cabeza,
para nada, mi amor, para nada.

Para tener ahora la precisión del bisturí,
por capricho,
porque me hundo,
porque me arranco,
porque NO ESTARÉ.



II




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Por la belleza de un descuido,
por el valor simbólico del pecho,
porque antes de haber escrito
había un cartel enorme sobre mi tumba que me decía:

¡ENTRA!




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Entré por el consuelo y el sadismo,
para saborear el odio,
por temor,
sin que ninguna razón me avalara,
para taparme los oídos.

Por no tener noción de economía
y pagar intereses,
porque invadieron Yugoslavia y Polonia
y prostituyeron
el aura sagrada de los sueños
y no entendieron nada
a cerca de la metáfora de La Creación,
por el olor a baba del semen,
por el deseo transportado
en una carroza de la que tiran
caballos humanos.



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Por paranoia, por error, por imprudencia,
por intoxicación de metafísica y tabaco,
para escaparme de los perseguidores,
por sospecha.

Entré a buscar a Kafka con sus benditas cucarachas,
por la sífilis, por protegerme de la ausencia
y para ausentarme mucho rato
no sé de dónde,
para bailar aún más deprisa,
para bailar muy despacito,
por el sentido común de las órbitas
que danzan con crueldad y violencia
y gravitan en las lagunas de lo etéreo
bajo las leyes de la materia,
para burlar el átomo,
quizás sea cierto...
siete metros,
dos minutos,
9.455 días
como un reloj oblicuo contra mi cráneo
que me obliga a estimar la decisión,
por transparencia;
podría ser él el responsable también
de que entre dos abrazos crezca tanto el calor
que haga estallar los cuerpos en pequeñas partículas
que engendrarán la vida.


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Por enamoramiento,
para palpar el azuzante látigo de los desahucios,
por costumbre,
para sentir la soledad en cuerpo y forma.






Para desordenar el alfabeto
y provocar al cosmos,
porque me dieron este nombre con el que me hice una bandera
para secarme el sudor,
para encontrarle algún sentido a la palabra Poesía,
para que no lo tuviera
y pudieran acogerse a su grito
todos los agredidos de este mundo.
Por osadía nada más.




Para poder hacer preguntas,
para no estar aquí
donde los platos y las cucharas atraviesan la barrera del sonido
y entonan himnos a la luz,
por Adán, por Caín, por mi padre,
por estos dos amados cuerpecitos
que partieron en tres mis entrañas
y ahora vagan solos
en una charca inmensa
desde mis ojos imaginarios.



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Porque creía en Dios y se burló de mi salario
y se cagaron en las tablas de la ley
y se vistieron de jueces e impartieron sufrimiento
e hicieron de fiscales y acusaron a Trotsky de trotskista
y negaron delante de mis ojos tres veces
haber sido unos hipócritas cuando afirmaban
que no hacían leña con el fuego.

Porque quiero viajar en las nubes de Altazor,
por Vallejo y los niños, por la madre de Ginsberg,
para que nadie, nadie, nadie,
me diga que ha estallado el infierno
como cosa real por fuera
aunque también es cierto que existe el hambre
como cosa real por dentro
y si embargo yo he comido.

Por lealtad a los inocentes,
porque también yo soy inocente,
por piedad al culpable,
porque también yo soy culpable,
por las noches,
por amor,
para que exista el amor
a pesar de NOSOTROS.














viernes, 18 de septiembre de 2009

Entre la H y la J no me encuentro





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Entre la H y la J no me encuentro, entre la F y la H ya no estoy, he firmado el sepelio como el que va de Viernes a la peluquería, temblándome la mano pero sin emoción.

No sé como ha podido suceder, tantas veces amándonos entre los álamos, en el pasillo, en las regatas, en los terribles funerales, tantos avisos y ningún poste se ha cambiado de sitio,
tantas imprecisiones, interpretaciones, visiones,

sorderas e imprecaciones

con todos esos asteriscos, con tanto sable de almidón, créeme que me sigue doliendo como cuando empezó esta tanta sinceridad, este atraco
a la fantasía, esta distancia que se ha vestido de impermeable, este volver sobre lo no
andado
y para qué. Jamás nada había sido tan perfecto y los espejos siempre han mentido, ya no hay epígrafes ni sentimentalismos, ya ni siquiera es triste la canción, simplemente es un vaso que se rompe en la boca cuando

vas a beber,

¿de qué presumes, de dónde sacas toda esa gracia, de qué organismo vegetal coges las venas y las llevas al plato

y eso es la cena...?

...tú que decías ser un sauce en el mes de Marzo y un crisantemo en Abril,

una niña perdida en Estrasburgo.



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No puedo poner alegre porque me envidian y no me puedo poner triste porque me abandonan.* Estoy, según las matemáticas, en una situación de borde, eso también lo observé, será por eso que persigo los restos de mi poeta

a miles de estrellas de distancia.

Los ceniceros tienen restos de nueces y hacen sombras de rimel, son pieles que se alimentan de verdad, no como pieles de Francia, sino como penas oscurecidas por la edad, las que nacieron siendo vírgenes y después se dejaron estremecer por las manzanas que el paraíso les había robado

en su Estar Inmutable.

Porque sabían a esa cosa que encuentras por la mañana cuando al saltar de la cama no tienes que calcular, no tienes que simular, no tienes que comprobar el pecho abriéndolo o cerrándolo con catorce toallas de muselina y organza

y después –dice Sabina- vuelve la guerra fría que no ha dejado de volver, esa sublimación no en los instintos, sino en el alma, este puesto de venta en la lavandería, en los pasillos ambulantes del metro o en la bolsa,

qué más da, qué ganas de llevarme noche abajo
o noche arriba con el poeta
y que seamos tres

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esta noche que no ha dejado de ser linda, hasta que aparecieron esos cuervos.



* M.O.M.















Infinitas Estrellas




Infinitas Estrellas




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Infinitas estrellas en tu bolsillo-corazón,
En el lado de tu piel
Más cercano al silencio.
















Y sonaron a trapos tus muñecas

Y sonaron a trapos tus muñecas



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Y sonaron a trapos tus muñecas, la lluvia había dejado de llover, no en El Planeta, sino en El Mundo, y si reían los paraguas daba pena llover, y si se abrían como pétalos, como estigmas, como flores, o porque quería llover, un ejército de aguijones los escrutaba en el derecho y en el revés y si me hubiera llamado Pilar o Verónica o Cascabel, todos habrían enmudecido y ensordecido para que no se desataran los lazos cardinales que sujetan el mundo, este mundo sabelotodo que es necesario proteger, ya lo ves, a estas alturas debe ser cierto que le envidio, envidio aquella forma de vivir y todos esos versos sentidos antes de acaecer el diluvio, porque no era un diluvio sino un montón de mar en los ojos.



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Los días que parecíamos atados por la cintura y el amor no era alguna transparencia sino un vuelco que se adelanta sin esperar a que el otro le dé la bienvenida y se hace añicos en la piel porque a su lengua-trapo
no le suelen gustar las cartas que sufren demoras intransitables, la incalidez de los ojos, el momento sublime de abandonar La Tierra Inscrita En Hologramas Indescifrables, las rodillas reptando en las aceras, el pulso pie a pie, las ortigas celestes, el maremagnum de la boca, el aire húmedo de cuando quieren llover uñas enmohecidas en sábanas perfumadas no de un olor a semen, el candelabro tieso en la pared, los claveles revueltos, los cabellos con tonos Sulamitas, el rojo en la pared.



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Arremeten contra la sensibilidad de cualquiera otras cosas que entonces sucedieron, pero todo ha quedado sepultado en tinta de bulerías. La comitiva se aproxima para tocar al Rey que regenta varias editoriales y doscasas putas, de todo esto quedan los vestidos despanzurrados

del amor Contra-Tiempo.












Divaga La Verdad





Divaga La Verdad




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Divaga la verdad estrangulada en las uñas


Con anchos alfileres que se clavan en ti,


La noche grita desde el fondo de sus vértebras


Tu incomparable desamparo, el día,


Si amanece, es un fantasma.
















.

Debajo De Las Lunas



Debajo De Las Lunas




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Dices que envidio a mi poeta y quiero darte la razón como si la razón me perteneciera o como si mi poeta perteneciera a mi razón, pero es una forma de decir, como te dije, todos aquellos días, de qué manera se me fueron clavando
a veces versos, a veces hierros en la piel. Aquellos días en mi pupitre de madera acompañada por un rotulador y en la punta sombría del sombrero, un lapicero con una brecha,

mil brechas.

El café se ha enfriado, estuve a punto de morir arrollada por una aparición
Súbita
de millares de estrellas que nunca habían estado en esta piel en la que sueña mi poeta.

Dices que digo cosas turbias, simples e intranscendentes y que hago poses y pucheros para llegar al tenedor

con el que me alimento,

y dices que trabajas mientras duermes, todo eso aprendiste a decir, recuerdo aquellos días no en Odessa sino en Madrid, cuando el aire era tan denso que se fijaban los cuchillos y un viento filamento hacía palabras con la muerte, y yo, que apenas tenía fuerzas, te levanté varios centímetros del suelo y te llevé
a componer
en una nube las turbulencias que luego se
calmarían y el mar volvió a ser mar,

pero el mar no regresa, y yo

temo que no lo pueda ir a buscar. Dijeron que las flores se marchitan
más antes de perecer, digo que fue deliberado que lo dijeran así para que sucediera, no porque diciéndolo fuera, pero sí para irlo sintiendo, sÍ para que antes de regresar los hombres a sus tumbas hubiera que articular que una mujer no es todavía una mujer hasta que la física lo muestre,

y se arrancaron los ojos y se amarraron velas

a ella.

Y algún poeta desfalleció de la intención de ser poeta y pretender un amigo compañero que no le hurgara en el bolsillo o en las entrañas como si fuera extraterrestre ya que tierra todos tenemos

afuera adentro de los ojos.

Y como así lo muestran las leyes de la física, la química no fusionó y andaba
por ahí, ya dije que eran hierros, los hierros de Madrid,

semáforos impenitentes

que se guardó en las ambulancias porque le hacía daño al corazón que
a estas alturas aquí es una metáfora y allí una víscera que no se sabe componer,
total, que la casa vacía y el poeta se fue llorando noche arriba a emigrar a las estrellas

o a volar.

Y luego me tiraron encima tomos enteros de enciclopedias, diccionarios enteros, completos y verbales como hidras no acuáticas, sino ferrosas, no sólo era en Madrid, sino en los siete continentes de cuyo nombre no me puedo acordar porque me ataron pies y manos y se pusieron a vender

sus violentas mandarinas

y opinaban que las naranjas eran verdes, azules y cenicientas y se volvió mi piel azul, verde y azul cada vez que no estuvo el tenedor donde yo lo pudiera alcanzar aunque arreciara el hambre o advinieran
los Vientos Alisios.














Es Linda La Noche


Es Linda La Noche





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Debajo de las lunas hay cárceles,


Obligados pasillos


Donde los pies, los descalzos zapatos,


Son huérfanos de todo.


















martes, 15 de septiembre de 2009

En Nuestras Manos







En Nuestras Manos

 



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Vamos tú y yo* vertebrados e indeterminados, el pelo blanco por culpa
de aquella multitud
asintiendo, aplaudiendo con todos nuestros dientes.

Vamos tú y yo al mercado a comprar naranjas,
el aire de la calle nos hará bien,
alisará nuestras camisas y elevará nuestras faldas,
pisaremos las rejas del alcantarillado con los rayos del sol,
tendremos un cuaderno color nieve
a punto siempre de fundir
nuestras manos.

Vamos tú y yo a ejercitarnos en el contacto y el calor,
de espaldas a aquella multitud, el pelo airado por culpa de tanta
ecuanimidad,
tan mal alimentados, poco amados.

Vamos tú y yo inhóspitos y desarraigados, marrones y en el desierto
por culpa de toda aquella multitud apresurada en concluir,
apresurados en chocar los unos contra los otros,
bastante mal alimentados y nada amados,

vamos entre esa multitud
que se arrodilla,
rompe el contrato carnal que había heredado por boca de su padre
dentro del útero en el que yace una madre oscura.

Vamos tú y yo soberbiamente hoy en la noche con los tobillos alejados
de aquella multitud,
la vida es con el color de la mirada y no hay tanta agua para beber
en las fuentes
como para desperdiciarla,
tirarla por el lavabo o para pagar tanto llanto por ella.

Vamos tú y yo inéditos y desarropados
luciendo el torso con el que nos quedamos a temblar las malas noches,
será diferente por esta vez siempre que no nos inundemos,
ellos podrían hacer lo mismo, si así lo desearan,

no busques en todo esto explicación pues está escrito,
sólo vamos tú y yo
pues somos los que mezclados entre las calaveras se despiertan
de su sonambulismo
atraídos por una flauta
tan absurda como feliz.

Vamos tú y yo de espaldas, erguidos por entre las ventanas
a bordear las nubes,
el cielo es calcinado continuamente y los pies no lo aguantan,
pero sí si nos marchamos por los corros, acercándonos, apretándonos,
vamos tú y yo y seamos vengativos y tengamos memoria.

Una mente preclara que celebre la lluvia,
ya tantos han cantado la miseria y la miseria no ha disminuido,
sólo se han hecho enormes las brechas
tanto en el horizonte como en la frente.

Vamos tú y yo rotundos y absolutos como con lo inconcluso,
envejecidos de haber podido responder con un guiño ante la multitud,
con el cabello airado e inmaculado de algunas intenciones,
cuando canten los gallos,
saltemos sobre nuestras muletas arrinconadas debajo la cama.

Estábamos realmente perdidos en esa multitud que emulaba los pasos de los hombres que se estuvieron chocando toda la noche contra calaveras
pintarrajeadas.

Vamos tú y yo vejados y arruinados aunque no tan felices
de ser los favoritos,
la tierra aguarda en sus entrañas a las madres
para alimentarlas con toda su gravedad:
¡no amando la oscuridad!
¡no adorando la oscuridad!.
¡Oh, calla!

La tierra tiembla por culpa de todos esos vivos
que arañan con sus dedos la lluvia
y se mueve de sitio
y nos obliga a recordar.

Vamos tú y yo sondadores del torrente cutáneo,

¡la tierra!

ahora que estamos en el mercado comprando granates y chirimoyas,
nos hace bien intercambiar unas monedas por algún dulce,

¡la tierra!

para la eternidad siempre habrá tiempo, la eternidad espera
con un obsceno grito de indiferencia
todas las veces,

¡la tierra!,



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no hemos perdido la memoria,
el fuego que arrasó.

Vamos tú y yo azuzados por el viento,
Izados por esa multitud.



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*
Thomas S. Eliot, en
"La Canción de Amor De J. Alfred Prufock”



















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Impermeable




Se DiSolvía





“¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?.”

-Thomas S. Eliot, “Coros De La Piedra”-





Impermeable


 


Lo que quería decir con todo esa dificultad de los nombres, era que no estaba seguro de si nombres como Casiodoro de Reina o Cipriano de Valera tuvieran que considerarse realmente tan relevantes. Que en el año 4.000 quién sabe de cuántos nombres tendría que valerse el pensamiento de un hombre y si el lenguaje desfragmentado que ya estaba marcando el estilo de muchos escritores, no venía a ser más que la articulación de esa pregunta. En la opacidad del día le parecía ver que pocas de sus ideas se vinculaban a los movimientos que, en concordancia con ellas, se había propuesto realizar: no cabía duda de que entre ambos existía un hilo conductor, pero le era desconocido.


Acudió en su auxilio una película en la que un niño autista pasaba horas y horas sentado frente al televisor y cuyo único lenguaje consistía en emitir un torrente de sonidos ininteligibles que podían calificarse como gritos y como gruñidos por las siguientes razones: el grito ya es un lenguaje y es también un estallido, algo que ha sido contenido se manifiesta en el momento de la explosión; el gruñido apunta a una fase animal en la que el signo está más “cosificado”. La película puede que se llamara La Teta De La Luna, y con toda esta precariedad, era como acudía en su auxilio. Respecto al niño autista, un especialista en logopedia relentizó esos “ruidos” y comprobó que lo el niño decía, eran las frases de los anuncios que oía frente al televisor, atropelladas y a gran velocidad.

Algo así le pasaba a él con las fechas y con los nombres, era como si para retenerlos se viera obligado a abandonar el ritmo y concentrarse en aquello, y tan opacas resultaban entonces las figuras, que no se le quedaban. Para hilar, tenía que dejarse llevar por lo que las palabras le quisieran decir y así era que cada nombre, cada fecha o cada palabra sin más, tenía para él muchos significados y le era prácticamente imposible memorizarlos, y si hubiera querido decir: casa, no estaría seguro de no haber dicho: cosa, o: nosia, o: caso, o: verde, o: cosa verde, o: extraño caso, o: gnosia, o: desconocido... y esto se hubiera prolongado en el pensar hasta tener que memorizar: árboles verdes con facultades para servir de domicilio... y entonces ya podía haberse extendido a querer estar diciendo: árboles verdes con facultades para servir de domicilio cuyos orígenes y circunstancias... e inmerso en el paisaje que estaba formulando, hubiera querido continuar y así podría estar diciendo: árboles verdes con facultades para servir de domicilio cuyos orígenes y circunstancias... proporcionábanle alegría de vivir... y en lo alto y en lo verde con exención de recordar de qué lugar se hablaba... brotaba la alegría en consecuencia... y no pudiendo memorizar... se vio obligada al abandono del... árbol-casa. En fin, concluyó que en el año 4.000 tendría que haberse transformado la configuración del lenguaje o la capacidad de la memoria a tal entendimiento para que el hombre pudiera relacionarse con el mundo tal y como le concernía.


Le asaltaron unas ganas repentinas de que salieran o entraran las palabras a su libre albedrío, y si ninguna quería corresponderse con la otra, sus motivos tendría.


¡Bueno! -se oyó diciendo- cruzan trozos de cintas... cacharros en fruición...


bombos con nombres... garabatos, sobra la letra sí... le castañean los tocones... ¡qué sermón!... pulsa, expulsa, afirma, contralee... el globo del ojo circular está soldado... cerca... que se acerca la era... Juan Pizza vive en Italia... ¿zorra, gorra o sombrero?... soplón, acordeón... ¡Y TODO A LA VEZ Y DIJO: BASTA!.


Dejó de lado de momento el problema de los nombres, y vino y me dijo que le tomara nota yo de lo que fuera él capaz de recordar:



“La muchacha bajó las escaleras por última vez, inmunizada contra lo que durante muchos días había tanto temido; no estaba despidiéndose aunque era casi una cauterización que ni siquiera adquiría rango de material, simplemente bajaba dejándose llevar por las esquinas superpuestas en el octavo piso que aparecían abruptamente en el rellano del tercero y donde creía que se iba a precipitar una tormenta, sentía calma -¡ojalá haya tormenta! –se oyó diciendo en alta voz -. En el recodo del primero ya era dulce la arista de la puerta que, de tan sólida que había estado siendo, ni la había llegado a sentir hasta el momento de la fecha. Después condujo lentamente y en los semáforos se confiaba al cielo enrojecido de tenue que había intentado relacionar con algún sitio de los últimos once meses. Si el cuello del cielo se alargaba, la carretera y ella se alargaban también; si parecía rosa o gris, ella estallaba en palideces y arrebatos con aires melancólicos; pero era el cielo el que mandaba, ordenaba, adormecía o se dejaba querer. Se desplazaba más o menos con la sensación de que, de los restos almacenados, no habían quedado más que restos y no era necesario por tanto evaluar. Durante cierta hora de la noche decidió que sería la silla en la que se encontraba sentada el nuevo trono desde el que observaría lo que le requiriera a ella para ser observado, los pies nocturnos trazaban una perpendicular con la columna.”



*Traductores de la Biblia: “... Y allí me da jaque mate al aclararme que el lenguaje de Faulkner, como en de Melville y el de Hawthorne, están profundamente marcados por la Biblia: son una derivación no religiosa del Lenguaje Revelado” –Sergio Pitol, en “Soñar La Realidad”-














Antes De Irse



Antes De Irse



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“Manos exploradoras no encuentran defensa:
su vanidad no requiere respuesta,
y da la bienvenida a la indiferencia.


-Thomas S. Eliot, “El Sermón Del Fuego”-






Y antes de irse me dijo que le tomara nota yo de lo que fuera él capaz de recordar:


“Había descorrido las cortinas para verla alejarse en la calle y porque el cielo le señalaba con su llama de lilas, señalaba la afluencia del pulso de ella y el golpe aniñado de ella, la presión de los pies que redoblaban desde entonces en el afuera y en el adentro aunque todo pasaba en su garganta.


Viento crispado en las cortinas, ganas de entrar en las cortinas, las cortinas pegadas a sus brazos con sombras oscuras en las que habrían cabido pasadizos enteros, tal vez entristecido por la disminución de la presión de los pies que ella se llevaba a ya no redoblar, en su garganta. Y muchas ganas de haber escrito y ahora esa duda, dime: - ¿cambiaste el agua de las flores?, dime: -¿preparaste el termómetro?, dime: -¿pusiste agua caliente debajo de la cama?, dime: -¿desde dónde te arrancas repentina?, ¡dime!:


-¿has acomodado sembrado amparado la silla la columna la figura marchita en la pared?, dime: -¿por qué es ahora el viento?, dime: -¿qué es el ahora?.”


Y antes de irse me dijo que le tomara nota yo de lo que fuera ella capaz de recordar:


“Cuado él se marchaba a cenar tenía un traje marrón oscuro como el de los desiertos, se secaban las flores y se rompía el hielo del jarrón. Cuando él se marchaba a cenar, ella era ingenua como una luna y se sentaba en la esquina de la cama a hacer pulseras y zapatillas. Cuando él se marchaba a cenar, ella soñaba con caballos y carrozas que atropellaban las estrellas. Cuando él se marchaba a cenar, ella cenaba tórtolas y margaritas, cuando se había ido como a cenar, ella le hacía un traje blanco y se lo regalaba a los muertos.”


Y antes de irse me dijo que le tomara nota yo de lo que fuera él capaz de recordar:


“Adiós.” “Adiós.”







* Thomas S. Eliot, “El Sermón Del Fuego”


















Tal Vez, Quizás, Pero




Todos



D.M.G.



Hablan







Tal Vez, Quizás, Pero







“Él otorga un protector beso final
y sale a tientas, encontrando las escaleras sin luz.”


-Thomas S. Eliot, “El Sermón Del Fuego”-






Y para nada que le servían los cartílagos ni las gomas en la lengua,

subía a montarse sobre un cohete blindado con agujeros en el agua,
subía a desatenderse y tal vez pero quizás desatendido estaba tanto de sí mismo
como de ella,

desentendiéndose tal vez o quizás o más

y también atendiendo, pero,

y siempre así dándose vueltas de rosario

con el cuello,
escalonando cada roce, parapetándose los ojos,
los labios siempre hechos tres cruces,
desalentándola a ella y él desaforándose,

lo que solía decir no guarecía:


pero quizás, tal vez,

o sólo pero.

¿Habrá mañana sol en el cuaderno
o no habrá mañana sol en el cuaderno?.
Mañana no habrá cuaderno.


¿Habrá agujeros en el agua o habrá agujeros?.
Habrá otro pero.

Y es eterno, todo es eterno,

y se quedaba.

Por si acaso, no te vayas, no seas rígido ni etéreo,

no pongas cierre, no digas pero,

la ciudad es tan grande...

Se nos pasó la vida, amor, se nos pasó el infierno,
traficamos con oro y margaritas que producían intereses,
la casa echaba chispas que llegaban el suelo,
en la cama rugía un vendaval

de añoranzas
y era un espejo
y se clavaban las imágenes del cuerpo,


porque era el cuerpo.





















CONGOJA


CONGOJA
William Lesch







No me pintes real, no me hieras.


Vamos entonces, tú y yo,* con esta música de aeroplanos

a rastrear el mundo.


Vamos con esta sinfonía vertebral a hacer sonar clarines y trincheras.

Vamos, tú y yo, con todo el cielo por detrás

a rastrear la mesa,

jugando con las tijeras

esta noche

cuando a las 12

restalle un hueso contra una flauta.


Vamos entonces, tú y yo, derechos e impacientes a descifrar

el enigma del cuerpo y de las nubes.

Vamos tú y yo a tocar el sólo de trompetas,

ni entristecidos, ni alertas,

ni separados, ni juntos,

sólo

vamos, tú y yo

y que nadie interrumpa.

Porque habrá tiempo para secar la lengua,

para volver y no volver

y dañar y reparar,


verdad que ha de haber tiempo -no estamos tristes-

estamos trabajando, cantando,

habrá tiempo para guardar la lengua y volverla a extraer.

A las nueve de la noche

vamos entonces tú y yo,
iremos.

No escucharán más músicas ni fiestas, no habrá sanción para las horas horrorizadas ante

los cirros escarlatas,

lo he olvidado todo, yo ya no sé, pero vamos tú y yo

acumulados y anestesiados

por el impacto rosa de esta tarde.

Vamos por lo verbal del cielo, anaranjado, ajado,

destrozado

por el color,

y después,

cuando una rueca gire desde el pozo sin boca,

cuando confunda tu cabeza con la constelación astral,

cuando queriéndonos consolar nos sintamos heridos,

catapultados por montones de estrellas

anaranjadas,

ajadas,

a punto de extinguir

su brillo,

desvariadas.

Vamos de todas formas a sentir, a descuidar, a dormir

enganchados por una pinza,

sujetaré, ataré, entraré

y antes de media noche

ya habrás venido.


Y claro que habrá tiempo** de levantar otra vez estos brazos de silla,

de componer para las ilusiones,

no estaría hablando ahora yo así si no hubiera sido cegada,

acribillada

varias veces por el color sangrante de la huída,

desgarrada en la mitad de una idea, confusa,

por una voz que

tenazmente

se interpone en los ojos.

Es hora de recogerse antes de que después,

es hora de extenderse, de descansar,

hora de que miremos, de hacerse cuenta,

es hora de que sea tarde,

pero habrá tiempo.









*Thomas S. Eliot, en “La Canción de Amor De J. Alfred Prufock”

**Thomas S. Eliot, en “La Canción de Amor De J. Alfred Prufock