PATRIA DE PÁJAROS

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MUTARI IN ALITEM

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Entre la H y la J no me encuentro





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Entre la H y la J no me encuentro, entre la F y la H ya no estoy, he firmado el sepelio como el que va de Viernes a la peluquería, temblándome la mano pero sin emoción.

No sé como ha podido suceder, tantas veces amándonos entre los álamos, en el pasillo, en las regatas, en los terribles funerales, tantos avisos y ningún poste se ha cambiado de sitio,
tantas imprecisiones, interpretaciones, visiones,

sorderas e imprecaciones

con todos esos asteriscos, con tanto sable de almidón, créeme que me sigue doliendo como cuando empezó esta tanta sinceridad, este atraco
a la fantasía, esta distancia que se ha vestido de impermeable, este volver sobre lo no
andado
y para qué. Jamás nada había sido tan perfecto y los espejos siempre han mentido, ya no hay epígrafes ni sentimentalismos, ya ni siquiera es triste la canción, simplemente es un vaso que se rompe en la boca cuando

vas a beber,

¿de qué presumes, de dónde sacas toda esa gracia, de qué organismo vegetal coges las venas y las llevas al plato

y eso es la cena...?

...tú que decías ser un sauce en el mes de Marzo y un crisantemo en Abril,

una niña perdida en Estrasburgo.



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No puedo poner alegre porque me envidian y no me puedo poner triste porque me abandonan.* Estoy, según las matemáticas, en una situación de borde, eso también lo observé, será por eso que persigo los restos de mi poeta

a miles de estrellas de distancia.

Los ceniceros tienen restos de nueces y hacen sombras de rimel, son pieles que se alimentan de verdad, no como pieles de Francia, sino como penas oscurecidas por la edad, las que nacieron siendo vírgenes y después se dejaron estremecer por las manzanas que el paraíso les había robado

en su Estar Inmutable.

Porque sabían a esa cosa que encuentras por la mañana cuando al saltar de la cama no tienes que calcular, no tienes que simular, no tienes que comprobar el pecho abriéndolo o cerrándolo con catorce toallas de muselina y organza

y después –dice Sabina- vuelve la guerra fría que no ha dejado de volver, esa sublimación no en los instintos, sino en el alma, este puesto de venta en la lavandería, en los pasillos ambulantes del metro o en la bolsa,

qué más da, qué ganas de llevarme noche abajo
o noche arriba con el poeta
y que seamos tres

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esta noche que no ha dejado de ser linda, hasta que aparecieron esos cuervos.



* M.O.M.